Entre los 40 y los 50 años, muchas mujeres empiezan a notar cambios que no siempre saben nombrar: noches en que el sueño se corta sin motivo aparente, una irritabilidad que aparece de la nada, ciclos menstruales que se adelantan, se retrasan o cambian de intensidad sin patrón claro, episodios de calor súbito que suben por el pecho y la cara, una niebla mental que dificulta concentrarse en tareas que antes eran sencillas. La explicación más socorrida suele ser el estrés, el exceso de trabajo o simplemente "la edad", y muchas veces conviven varios factores a la vez. Pero detrás de ese conjunto disperso de síntomas suele haber algo muy concreto: el ovario ha entrado en una fase de transición hormonal que puede durar varios años antes de que llegue la menopausia propiamente dicha, y que muy pocas mujeres relacionan con sus hormonas porque la regla, aunque irregular, todavía no ha desaparecido.