Hay una frase que muchos hombres repiten casi por instinto cuando alguien les pregunta cómo están: "todo bien". La dicen incluso cuando no es verdad, incluso cuando llevan semanas durmiendo mal, sintiéndose sin energía o cargando un peso emocional que no saben cómo nombrar. No es que estén mintiendo a propósito, es que muchos aprendieron desde niños que mostrar vulnerabilidad no era una opción. Y ese aprendizaje, aunque silencioso, tiene consecuencias muy reales en la salud.
Pasados los 40, muchos hombres empiezan a notar algo difícil de nombrar: menos energía a media tarde, menos interés en el sexo, más grasa alrededor del abdomen aunque la dieta no haya cambiado, un humor que se irrita con más facilidad. La explicación habitual es "el estrés" o "la edad", y a veces es exactamente eso. Pero en una proporción nada despreciable de casos, detrás de ese cansancio difuso hay un nivel de testosterona más bajo de lo que debería ser, y pocos hombres lo consideran porque a esta hormona se la asocia casi siempre con la libido y rara vez con el ánimo, el sueño o la composición corporal.